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jueves, septiembre 09, 2010

SAN FRANCISCO DE ASIS



Fundador de la orden franciscana. Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. En 1202 fue encarcelado por unos meses a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, aquejado por una enfermedad e insatisfecho con el tipo de vida que llevaba, decidió entregarse al apostolado y servir a los pobres. En 1206 renunció públicamente a los bienes de su padre y vivió a partir de entonces como un ermitaño.

San Francisco de Asís (Óleo de El Greco)

San Francisco de Asís predicó la pobreza como un valor y propuso un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. El papa Inocencio III aprobó su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, la de los franciscanos. Además, con la colaboración de santa Clara, fundó la rama femenina de su orden, que recibió el nombre de clarisas.



El amigo de los animales y patrono de los Lobatos
San Francisco de Asís es el patrono de los Lobatos, por ser el protector de los animales y especialmente de los lobos.
Fue un niño alegre aficionado a los juegos y cantos como cualquier otro niño. Había nacido en una pequeña ciudad europea llamada Asís en 1182 y allí vivió toda su infancia en compañía de sus padres. Disfruto su juventud en compañía de sus amigos y con ellos malgastaba todo el dinero que ganaba trabajando en el mismo oficio de su padre, el comercio.
Durante la adolescencia de Francisco, Asis, su ciudad natal se encontraba en guerra de liberación contra Alemania y por ello se vinculo a la milicia como soldado. En la Batalla de Collestrada, cayo prisionero, permaneciendo en la cárcel por un año; en este tiempo enfermo gravemente y luego de su enfermedad volvió a Spoleto donde decidió cambiar su forma de vida, luego de tener un sueño donde una voz le decía: "¿Dime, a quien debes seguir, al amo o al siervo?. Posteriormente volvió a Asís y comenzó un periodo de soledad y oración en busca del Señor.
Francisco se dirigió luego a una arruinada iglesia llamada "San Damian" y una voz desde el crucifijo le dijo: "Francisco, reconstruye mi Iglesia". Francisco comenzó a vestir de túnica como los pobres y al ver esto once mas le siguieron; unos se dedicaron a cuidar leprosos, otros a jornalear pero sin recibir ningún dinero a cambio. Estos se llamaron a si mismos Franciscanos que querían servir a los pobres, los oprimidos y los incapaces.
Mientras Francisco se encargo con sus seguidores de reparar algunas capillas de su pueblo, entre ellas la de San Damian y la de la Porciuncula, muchos fueron los que se unieron a su labor y Francisco con ellos, quiso organizar una comunidad religiosa y pidió la aprobación al Papa Inocencio II quien se la dio después de haber tenido un sueño donde vio la Basilica de Letran inclinada a punto de caerse y sostenida por un frailecillo como Francisco.
Una vez en Gubbio, toda la gente comentaba con pavor todos los desastres que hacia un lobo y le rogaban a Francisco que no se le acercara. Este no les hizo caso y se dirigió hacia el animal que se le abalanzo con sus fauces abiertas. Pero Francisco hizo la señal de la cruz deteniéndole y haciéndole cerrar su boca y le dijo: "Ven aquí hermano lobo. En nombre de Cristo te prohibo que en adelante hagas daño a nadie" El lobo fue a echarse a los pies de Francisco y bajo la cabeza. Francisco le dijo: "Hermano lobo, he sabido de los atroces crímenes que has cometido en toda la comarca... por lo cual merecías justicia como el peor de los asesinos y es muy natural que los habitantes de Gubbio te aborrezcan. Quiero sin embargo reconciliarte con ellos."
El lobo en señal de aceptación de aquellas palabras le tendió su pata a San Francisco. Después de esto los habitantes de Gubbio se comprometieron a dar de comer al lobo si este no volvería a atacarlos y en cambio les ayudaría en lo que pudiera. Desde entonces San Francisco es considerado el patrono de los animales, ya que profesaba por ellos un gran amor y protección, al igual que por la plantas y toda la naturaleza, en especial, por el Hombre.



La carrera del Conejito
Relato de San Francisco de Asís y Fray León

Un día San Francisco, en compañía de fray León, se encuentra de camino hacia el anochecer. Fray León dice:

- Padre, no podemos ir adelante. Dentro de poco será de noche y no veremos al andar.

- Tienes razón, hijo mío -responde el santo-. ¿Ves aquel cacerío? Iremos allí y pediremos posada para esta noche en nombre del Altísimo.

En el caserío vive una vieja labradora rezongona. La mujer no conoce a san Francisco, y no se fía de los dos peregrinos. Con un tono de voz desagradable dice:

- No tengo si
tio en casa. Si les agrada, pero sólo por esta noche, pueden quedarse en el establo. No hay vacas, yo estoy sola y no podría cuidarlas.

Así que los dos frailes se preparan a pasar la noche en aquel establo pequeño y húmedo. Dan gracias a Dios, luego fray León, bostezando, se acuesta sobre un montoncito de heno, durmiéndose enseguida.

San Francisco se queda despierto y reza a Dios por largo tiempo.

En un rincón del establo, dentro de una jaula angosta y maloliente, hay un conejito completamente blanco. Tiene los ojos rosáceos dulcísimos y melancólicos.

A la mañana siguiente, al salir el sol, los dos frailes salen del establo restregándose los ojos. Es una espléndida jornada de primavera. Delante del caserío se extiende un prado de hierba tierna humedecida por el rocío.

La labradora ya se ha levantado y está sacando agua del pozo. San Francisco dice cortésmente a la mujer:

- Gracias por habernos hospedado esta noche. Pero dime, ¿por qué tienes ese conejito dentro del establo?

La mujer responde malhumorada:

- ¿Y dónde habría de tenerlo según tú, en la cocina?

San Francisco muy cortésmente dice:

- Ese pobre animalito seguramente no ha visto nunca la luz del sol, y se encontraría de seguro feliz si pudiera corretear un poco por el prado.

La mujer deja caer el caldero en el pozo, se pone las manos a la cintura y dice:

- Pero vosotos, pobres frailes, ¿qué vais a saber de animales? Si yo lo dejase libre,¡el conejo se escaparía!

- Yo te prometo -dice san Francisco con mucha cortesía- que no escapará.

- Tengo verdadera curiosidad de probar -dice la mujer moviendo la cabeza-. Pero, si el conejo escapa, partiréis con el hacha aquella pila de lena.

- Está bien -dice san Francisco sonriendo-. Fray León, vete a coger el conejo.

El fraile corre en seguida a la cuadra y vuelve trayendo el conejo por las orejas.

- Despacio, despacio -dice san Francisco-. Dámelo a mí. El santo sostiene en sus brazos al animalito asustado y tembloroso. Lo acaricia largamente, y luego con delicadeza lo posa sobre la hierba al borde del prado.

El conejito había nacido en la cuadra y allí había crecido. Nunca había visto un prado. Olisqueaba la hierba, frota en ella el morrito y luego, dando un gran salto, echa a correr.

La mujer grita:

- ¡Ya ha escapado! ¿No os lo había dicho yo? ¡Adiós mi conejo!

Pero el conejito, después de haber corrido por todo el prado a lo largo y ancho, vuelve a trás y se acurruca jadeante y feliz a los pies de san Francisco.

La labradora no acaba de hacerse cruces, y san Francisco dice:

- Yo te pido, oh mujer, que dejes todos los días al hermano conejo correr un poco por el prado.

La labradora con un tono muy humilde dice:

- ¡Te lo prometo, te lo prometo!

- Y ahora -dice san Francisco a fray León-, antes de marchar, armémonos de hacha y partamos la leña de esta buena mujer.