El sentido de la evolución es el de desentrañar o reconocer mejor la urdimbre de la vida cósmica. En efecto, evolucionamos para conocernos mejor, para sabernos esencialmente, para entender claramente nuestra naturaleza. Somos pequeñas células ligadas a un gran organismo que es la Madre Tierra y Ella a su vez es otra pequeña célula de ese otro gran organismo que es el Sistema Solar y Él a su vez es otra célula de ese otro gran organismo denominado Universo. Evolucionando entendemos nuestro papel dentro de todo este sistema. Así ya no somos más el objeto inconsciente de las fuerzas de la vida sino que interactuamos conscientemente con ellas. Todo está escrito en el cielo no como un camino a seguir sino como un potencial a desarrollar. En tanto no reconozcamos lo que somos podremos seguir creyendo que el zodiaco y las fuerzas ocultas son las que determinan nuestras vidas. En tanto que reconociendo lo que esencialmente somos empezamos a vivir bajo las Leyes Divinas y nuestro accionar es el del Creador, el del Único, expresado en ese gran pedacito de Cielo Divino que nos cobija y que es nuestro núcleo más interno de vida. Así la Luz cubre a la oscuridad que no es el mal sino la ausencia de conciencia. Así, evolucionando, entendemos que este pequeño lugar donde vivimos nuestras vidas es el lugar perfecto para vivir nuestro desarrollo evolutivo consciente.
