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jueves, julio 21, 2011

EL MANUAL SAMURAI

 

Capítulo 1 - EL INICIO DEL SAMURAI



Hoy era un día feliz para Kan , hoy cumplía 12 años y su padre había prometido concederle el mayor de los tesoros. Una espada de Samurai.
Naturalmente no sería una espada de doble diamante como la de su padre, sería una sencilla espada katana. Lo demás habría de ganárselo por si mismo. Era un inmenso honor el que le hacía su padre. A partir de ahora dejaba de ser un niño para convertirse en todo un aprendiz de Samurai. Un brillante futuro se presentaba por delante si estaba dispuesto a aprender y a trabajar. Y Kan lo estaba desde lo más profundo de su corazón.
Su padre Kazo estaba frente a él, solemne e imponente como era natural en su persona. El anciano Samurai aparentaba mucha menos edad de la que realmente tenía, sólo su larga cabellera blanca y unos ojos llenos de sabiduría revelaban su verdadera edad. Su armadura de General Samurai  reflejaba los dorados rayos del sol como si fuera de oro mientras que los dobles diamantes engastados en la empuñadura de su propia espada katana, formaban un doble arco iris enlazado en su base. Kazo había luchado mil batallas y formado a cientos de Samurais, y por fin hoy iba a instruir a su propio hijo. Un acontecimiento que llevaba esperando desde hacía doce años. En sus manos sostenía la futura katana de su hijo, un arma poderosa que debía usarse con sabiduría. Kan debía entender que lo más importante de un Samurai no era su arma, sino su sabiduría y su honor.
La cara de Kan resplandeciente de honor y gozo al recibir su espada, llenó el corazón de su padre de un orgullo como nunca antes había sentido. Ahora ya era oficial, el joven aprendiz había superado todas las sutiles trampas que se le habían tendido y por sus propios méritos se había convertido en uno más del clan.
Esa misma noche, después de las celebraciones y las risas, padre e hijo se sentaron juntos alrededor de la hoguera. La noche era cálida y en el cielo lucían las estrellas como luciérnagas en un estanque, la Luna llena brillaba con fuerza, como si quisiera arropar al joven Samurai con sus rayos de luz.
- Hijo mío - La voz de Kazo era grave, relajante y penetrante como las caricias de una madre - Hoy has dado un paso muy importante en tu vida. Has dejado de ser una persona normal, has dejado el bosque para introducirte en el camino de la vida por el sendero del Samurai. Has superado la trampa invisible que tienden los fantasmas del miedo y del fracaso. Nunca luches contra los fantasmas del miedo, ellos harán que todos los problemas parezcan agolparse para vencerte y doblegarte, cuando estos fantasmas te ataquen, no te defiendas, sigue adelante enfrentándote a los problemas uno a uno. Ese es el único secreto del éxito hijo mío.
- Sí padre, estas semanas las dudas recorrían mi mente - Kan miraba a la Luna en busca de fuerzas para expresar lo que había sentido - no sabía si sería capaz de llegar al final, tenía miedo de entrar en la senda del Samurai por miedo al fracaso, por miedo a decepcionarte, por miedo a que se rieran de mí los demás mientras no domine todas las técnicas como lo hace un Samurai de verdad. Era un dolor intenso - dijo mientras su mano se posaba en su estómago - como si me clavaran afiladas agujas en el estómago. Pero me di cuenta que si no empezaba, habría fracasado aún antes de intentarlo. - Sus ojos se clavaron en los de su padre - No sé si llegaré algún día a ser un Samurai tan bueno y poderoso como tú padre, pero ten por seguro que lo intentaré hasta con el último vestigio de mi alma, nunca me rendiré al camino. Siempre seguiré adelante.

Kazo no podría estar más orgulloso. Su hijo poseía una fuerza que le conduciría allí donde él quisiera. Porque nadie mejor que el viejo Samurai sabía que el mayor secreto para conseguir en la vida lo que se desea es el no rendirse jamás. A su tierna edad ya conocía ese secreto, sin duda llegaría muy lejos, mucho más lejos que su padre el General de Generales.
- Hijo, ahora eres parte de los Samurais y por lo tanto has de regirte como tal - El viejo Samurai cogió un grueso leño y se lo pasó a su hijo. - Parte este leño hijo mío, sé que puedes hacerlo.
- Pero padre, este leño es muy grueso, - dijo el joven abatido - y yo sólo tengo doce años, aún no soy un hombre maduro. No tengo la fuerza suficiente.
- Claro que tienes la fuerza hijo, pero tu fuerza no está en tus músculos - sentenció a la vez que rodeaba con su grande y cálida mano el estrecho brazo de su hijo - sino en tu cabeza, es en tu inteligencia y en tu fuerza de voluntad donde posees la energía suficiente para realizar todo aquello que desees. Si piensas que no eres capaz de hacerlo... seguramente nunca serás capaz. Sin embargo, si estás convencido de que es posible, y desde el fondo de tu corazón brilla la verde llama de la esperanza y la fe en ti mismo. Podrás hacer lo que desees, sólo habrás de buscar el medio.
- Pero padre... - Kan quería creer a su padre, era un Samurai y los Samurais nunca mienten. Entonces debía existir una forma... pero cuál - ¡Ya sé! Ahora yo también soy un Samurai, ¡puedo hacer lo imposible!
Y desenfundando por primera vez su espada katana lanzó con todas sus fuerzas un terrible golpe contra el tronco... consiguiendo que la katana se incrustara fuertemente dentro del tronco. Kan intentó sacarla de un tirón, pero sus esfuerzos eran inútiles. Estaba demasiado fuertemente enganchada. Se estaba poniendo muy nervioso, y si no fuera porque la cálida mano de su padre le calmó, como tantas veces había hecho de pequeño, se habría echado a llorar.
- Tu intento ha sido digno de elogio Kan, pero has de aprender antes de hacer. - El viejo Samurai tomó entre sus manos la espada de su hijo y con un giro rápido de muñeca extrajo la espada del tronco. - Has de fijarte pequeños objetivos, fáciles de cumplir con tus capacidades, para conseguir lo que deseas. - Dicho esto devolvió la espada a su hijo. - Primero intenta crear una zanja en el tronco, no de un golpe directo, sino de dos curvos que te ayuden a debilitar la rama.
Kan lanzó un tajo curvo y cortante que hizo saltar unas astillas del tronco, a continuación lanzó otro en dirección opuesta que hizo que casi la mitad del tronco se dispersara por el suelo. Animado repitió la operación y unos instantes después el grueso tronco reposaba en el suelo, partido en dos pedazos y un montón de astillas.

- Tienes razón padre! El tronco entero era demasiado para mí, pero poco a poco he logrado debilitarlo y al final yo he vencido. Si hubiera pensado que no podía, nunca lo hubiera intentado. Pero decidí que era capaz, que debía de existir una manera de cortarlo, y la encontré!
- Siempre existe una manera - La voz del viejo Samurai penetró en los oídos de su hijo grabando estas palabras a fuego - siempre existe una manera de lograr lo que deseamos.
- Y para ello debemos hacer lo que sea padre - Preguntó inocentemente Kan.
Kazo se alarmó, no quería que su hijo le interpretara mal, siempre había que regirse por el honor y la generosidad, pero una vez que vio la inocente mirada de su hijo, la calma se apoderó otra vez de su corazón.
- Hijo, puedes conseguir todo lo que desees en la vida sólo con que ayudes a otras personas a conseguir lo que ellas desean.
- No entiendo padre.
- Tú sabes que el granjero siempre recoge más de lo que siembra ¿No es así? - Kazo sabía que su hijo había ayudado a sembrar a sus vecinos y se había quedado maravillado al ver como crecían las plantas día a día y como de un puñado de semillas surgían, con el tiempo, cientos de sabrosos frutos - Pues igual que el granjero siempre recoge más que lo que siembra, tu debes saber que no estás sólo y has de ayudar todo lo que puedas a tu equipo, si lo haces así después recogerás la cosecha más fructífera que nunca hayas soñado.
Kan quedó pensativo, todavía era muy joven para entender todas las palabras de su padre, pero él sabía que su padre siempre había sido generoso y gracias a ello había llegado a ser un general de generales, por eso decidió firmemente que él haría lo mismo.
- Padre, tengo una duda que me atormenta - Se sinceró Kan - antes no te la quise decir porque hoy es un día de dicha. Pero no concuerda con lo que me acabas de decir.
- ¿Si hijo?
- Ayer conté a mis amigos del pueblo que me iba a convertir en Samurai, que aprendería los secretos de nuestro arte y que me convertiría en el tipo de guerrero más poderoso que existe - los ojos de Kan se clavaron en el crujiente fuego - y los otros niños se rieron de mí, me dijeron que era un blandengue, que todo eran mentiras y que tuviera cuidado porque lo más seguro es que me dieran una paliza los verdaderos Samurais por mentiroso, y que luego me echarían a la hoguera. ¿He de ser generoso también con esos niños padre?
- Hijo... - Una sonrisa de comprensión surcaba los labios del viejo Samurai, a él le había pasado lo mismo en su juventud y sabía que las mismas personas que hoy criticaban y ridiculizaban a su hijo, mañana serían sus más fervientes admiradores por su valentía y coraje - Hay una forma muy fácil de evitar las críticas...
-¿Cuál es padre? - Preguntó entusiasmado Kan
- ... simplemente no seas nada y no hagas nada, consigue un trabajo de barrendero y mata tu ambición. Es un remedio que nunca falla.
- ¡Pero Padre! Eso no es lo que yo quiero, yo quiero ser fuerte y poderoso como tú, tengo aspiraciones y sueños que quiero cumplir en la vida. Y sólo tengo esta vida para hacer esos sueños realidad ¿Cómo me pides que haga eso?
- Entonces Kan, ten mucho cuidado con los ladrones de sueños - dijo Kazo misterioso
- ¿Los ladrones de sueños? - El niño Samurai miró temeroso a su alrededor - ¿Qué son? ¿Demonios de la noche? ¿Duendes malignos? ¿Seres tenebrosos?
- No hijo, son tus amigos y las personas cercanas a ti - Los ojos de su hijo lo miraban con una expresión triste, como si le acabara de caer el mundo encima - No te preocupes, sólo son amigos tuyos, mal informados que quieren protegerte, quieren todo el bien para ti y que no sufras, por eso intentarán detenerte en todos los proyectos que hagas, para evitar que fracases y te hagas daño.
- Pero entonces son como los fantasmas del miedo y del fracaso, quieren mi bien y sin embargo me infringen el mayor daño que puede existir: robarme mis sueños, mis ambiciones y por tanto las más poderosas armas que tengo para alcanzar lo que yo quiero. Si nunca lo intento... nunca lo conseguiré. Es cierto que si lo intento puedo fracasar, sin embargo también puedo tener éxito y conseguir lo que yo quiero!
- Eso es hijo y además, sin quererlo, acabas de descubrir tus tres armas más poderosas.
- ¡Cuáles! dímelo - su ilusión ante la perspectiva de tener más armas era enorme.
- La primera el Entusiasmo, si crees en lo que haces y de verdad te gusta podrás conseguirlo todo y debes creerlo con todos los vestigios de tu ser.
Kan asintió con la cabeza temeroso de interrumpir a su padre.
- La segunda ¡El Empuje! Has de aprender y trabajar, aprender y trabajar y después... enseñar, aprender y trabajar. Sólo con el trabajo conseguirás tus objetivos. Si pretendes aprovecharte de la gente sólo encontrarás el fracaso, sin embargo, si trabajas con honor, en equipo y siempre intentas superarte... no habrá nada que pueda pararte.
Kan posó la mano en su corazón y se prometió a si mismo, en absoluto silencio que siempre trabajaría con honor y que nadie le pararía.
- Y tercera la Constancia - los ojos de Kan preguntaban a su padre que era la constancia, acaso no era lo mismo que el empuje - La Constancia hijo mío, es la capacidad de aguantar en los tiempos duros y seguir trabajando para que vengan los tiempos buenos, la constancia es el Arte de Continuar Siempre! Tú ahora acabas de empezar y mañana empezarás a practicar con los Samurais. Al principio, después de cada entrenamiento, te dolerán los músculos y estarás cansado, tendrás ganas de abandonarlo todo porque pensarás que esto es demasiado duro para ti. Pero si eres Constante y continúas aprendiendo y practicando, poco a poco tu cuerpo se irá adaptando y desarrollando, así como tu mente. Y verás como cada vez las cosas te resultarán más fáciles y obtendrás más resultados y más fácilmente. Los comienzos son siempre duros hijo, y sólo si eres Constante tendrás el éxito asegurado.
Kazo vio como su joven hijo asentía medio dormido. Ya era tarde y hoy había aprendido más que en toda su vida. EL viejo Samurai cogió a su joven hijo y ahora aprendiz de su arte en sus brazos levantándolo, a pesar de su avanzada edad, como si de una pluma se tratara. Su hijo le susurró algo al oído como "gracias papa!" antes de quedarse dormido. El general de generales se preguntó si realmente su hijo seguiría al pie de la letra todos los consejos que hoy había aprendido. Sabía que si así lo hacía llegaría aun más alto de lo que él, general de generales, había logrado.


El hombre bueno se fortalece a sí mismo, y luego fortalece a los demás; investiga por sí mismo las causas de todas las cosas y luego las da a conocer a los demás hombres. Pues  igual que los artesanos realizan su  trabajo sentados en los talleres; aquél que tiene espíritu puro cumple sus deberes aprendiendo para poder luego difundir la verdad.
Transmitir pues esta cultura a todo el mundo sin distinción de razas ni categorías.
Confucio

Yo Soy… y el Ser Divino en Mi, Honra Ama y Bendice a Dios dentro de Ti
 Enrique Leal  

domingo, enero 16, 2011

El samurái todo lo que hacía lo convertía en un arte



Esta historia lleva pasando de generación en generación de maestro a discípulo, desde hace ya mucho siglos, es de una época en la que la vida de una persona valía muy poco. Una época en la que los samurái la clase noble en el Japón imperial probaban la calidad de sus espadas con prisioneros, o retaban a cualquier persona para comprobar la destreza que tenían con la espada.

Un joven monje tenía que llevar una carta que solo podía entregar el en persona a alguien de algún lejano pueblo del Japón medieval.

Para llegar al pueblo tenía que cruzar por un viejo puente en el que estaba un samurái, el cual para comprobar su fuerza y su valentía se había prometido desafiar a un duelo a muerte  a los cien primeros que se atrevieran a cruzar el puente, con tan mala suerte para el moje que llevaba noventa y nueve, y él iba a ser el número cien.

-Detente te desafío a un duelo a muerte, no intentes huir por que pienso matarte. (Grita el samurái)
-Lo siento pero tengo que entregar en mano esta carta urgente al pueblo de aquí al lado y he dado mi palabra de que la llevaría. Si dejas que me vaya a llevarla te prometo que en cuanto la entregue volveré para aceptar el duelo.

El samurái como también era un hombre de palabra acepto y dejo marchar al moje, y se quedo esperando pensando que cuando el moje entregara la carta volvería.

Cuando el moje entrego la carta se acordó de que no tenia espada para enfrentarse en un duelo, a si decidió ir a casa de su maestro que vivía cerca de allí para que le dejara una espada, ya que dicho maestro antes de ser moje había pertenecido al linaje de los samuráis.

Al llegar a casa del maestro le conto todo lo que había sucedido, y le dijo:
-Maestro nunca he cogido una espada, ya que voy a morir en el duelo, quiero morir con honor, y sin defraudar a mi oponente.
- En efecto vas a morir, no tienes ninguna posibilidad de ganar. Por lo tanto no tienes por qué tener miedo a la muerte, pero te voy a enseñar la mejor forma de morir.

El maestro le enseña a cómo tiene que colocar el sable, que es la forma en la que empieza cualquier duelo de espadas, y le dice que cierre los ojos y se concentre en su cabeza.
- En el momento que sientas un frio cortante en el cuello bajas la espada y todo habrá acabado.
El monje se dirige al puente y cuando llega pone el sable en la posición que le había enseñado su maestro cogiendo la espada como si fuera un pajarillo ni muy fuerte ni muy flojo, con la punta de la espada apuntando la cabeza de su adversario y cierra los ojos.

El samurái al verlo tan tranquilo y cogiendo a la vez firme el sable desconfía, y espera un rato, para ver si el monje decide dar el primer paso, al ver que el monje no se mueve decide dar unos paso. Pero el monje sigue sin inmutarse, y eso le pone cada vez más nervioso.

Habían pasado ya dos horas, y el samurái ya no podía aguantar más la espada. al ver que el monje estaba con los ojos cerrados, pensaba que era por que guardaba un as en la manga.

El monje seguía tranquilo, meditando a la espera de sentir el corte.
Al samurái en cambio le temblaban las manos.

Así que finalmente el samurái agacho la cabeza, bajo el arma y dijo:
-Perdóname la vida, lo siento maestro no lo había reconocido.

 

La vía del guerrero se basaba en un continuo perfeccionamiento. El samurái todo lo que hacía lo convertía en un arte, desde el simple hecho de tomarse un té, a la escritura, pasando por la propia creación de haikus(es un tipo de poesía japonesa).

Reconocer la vida en cada sorbo de aire,
en cada taza de té

En un mundo en el que la muerte día a día te acompañas a cada paso que das, para ellos era verdaderamente importante la meditación, de esa manera, el samurái adquiría una gran disciplina, combinada con una mente clara y una presencia absoluta en todo lo que hacían a cada instante de su vida.

El código del Samurái es un Viaje hacia el interior. Un acercamiento a esta Vieja filosofía, La cual se formo a través de la mezcla de tres antiguas religiones, el budismo, el sintonismo y el confucionismo. Creando a si unas normas que hoy en día viven inspirando a mucha gente.

Esta filosofía Hoy en día no ha muerto todavía es seguida en muchas artes marciales, el aikido, el kiudo(tiro con arco), el kendo(arte de la espada), jiujitsu etc… En la que el estudiante descubre el funcionamiento de su cuerpo, a través de la meditación y el espíritu del bushido.

En la guerra el samurái tenía una gran disciplina que le permitía tanto lanzar flechas con arco a caballo sin detener el caballo, como una gran habilidad con la espada, el bo(palo largo japonés) ect…

Para el samurái era muy importante, tanto su familia, como el honor eran tan importantes que para que no cayera el honor de su familia y el de su daimyō (señor) en desgracia llegaban incluso a quitarse la vida, provocándose el sepuku. Un corte por debajo del estomago



EL CODIGO DEL BUSHIDO



Como todos sabemos los samuráis eran unos guerreros del Japón feudal (Una especie de caballeros medievales como el rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda solo que estos eran una leyenda y los samuráis existieron de verdad en la otra parte del mundo).

Su nombre Samurái en japonés tiene el significado de servir (Algo así como proteger y servir).

Su cometido era servir al Shogun (Emperador) como si fueran soldados era una casta de guerreros pero que solían ocupar su tiempo entre guerras en otros oficios.

Su práctica regular era el entrenamiento en las diferentes artes de la guerra, además de la práctica regular de la meditación para alcanzar el Satori (Iluminación).Su más importante credo era el budismo zen. Y su código de comportamiento y estilo de vida era el “Código del Bushido“ (Se escribieron muchas versiones del código demasiadas para nombrarlos aquí y ahora.

El código del bushido eran unas normas sociales, culturales y técnicas de comportamiento tanto en sociedad como en el campo de batalla. Los samuráis tenían siete principios básicos.

1. GI – Honradez y Justicia
Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la Justicia, pero no en la que emana de los demás, sino en la tuya propia.
Para un auténtico samurái no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia.
Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2. YU – Valor Heroico
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir.
Un samurái debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.
Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3. JIN – Compasión
Mediante el entrenamiento intenso el samurái se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos.
Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4. REI – Cortesía
Los samurái no tienen motivos para ser crueles. No necesitan demostrar su fuerza. Un samurái es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales.
Un samurái recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurái se vuelve evidente en tiempos de apuros.

5. MEYO – Honor
El Auténtico samurái solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad.
No puedes ocultarte de ti mismo.

6. MAKOTO – Sinceridad Absoluta
Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará.
No ha de “dar su palabra.” No ha de “prometer.” El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer.
Hablar y Hacer son la misma acción.

7. CHUGO – Deber y Lealtad
Para el samurái, haber hecho o dicho “algo”, significa que ese “algo” le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan.
Un samurái es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel.
Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas donde quiera que él vaya.