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domingo, julio 15, 2012

MEDITACION DEL SOL




“Nada de lo que podáis hacer en la vida es tan importante como asistir a la salida del Sol, porque no hay ninguna actividad que sea capaz de transformaros tan profundamente.”

“Con todo vuestro corazón, con toda vuestra alma, procuráis tomar estas partículas divinas y ponerlas dentro de vosotros; de esta manera, poco a poco, renovaréis completamente la materia de vuestro ser, pensaréis y actuaréis como hijos de Dios, gracias al Sol.”

“Tomad al Sol como modelo. Incluso durante la jornada, cuando ya no estáis ante él, vigilaos, analizaos y preguntaos: “¿Estoy irradiando y proyectando luz? ¿Estoy calentando y dilatando el corazón de las criaturas? ¿Estoy aportándoles vida?” Sí, en cada momento de la jornada, preguntaos eso, porque ésta es la llave de vuestro perfeccionamiento.”

“Estáis ahora en la salida de Sol y esperáis el primer rayo… Estáis vigilantes, atentos, y, cuando aparece el primer rayo, lo bebéis, lo aspiráis; así empezáis a beber el Sol. En lugar de respirarlo solamente, lo bebéis, lo coméis, y os imagináis que esta luz, que está viva, se propaga por todas las células de vuestros órganos, y que las refuerza, las vivifica, las purifica. Este ejercicio os ayuda a concentraros y los resultados son fantásticos: todo vuestro ser se estremece, y llegáis a sentir que bebéis verdaderamente la luz...”

Omraam Mikhaël Aïvanhov


Guía de la meditación solar

1-La búsqueda del centro. El sol es el centro del sistema solar, y el movimiento armónico de los planetas debemos imprimirlo en nuestras propias células. Pero para ello tenemos que encontrar el centro en nosotros, el Sol, el Espíritu, Dios. Así todas las partículas de nuestro Ser entran en el ritmo de la vida universal. Cuanto más nos acercamos al sol con nuestro pensamiento, nuestra alma, nuestro corazón, nuestra voluntad, más nos aproximamos a Dios, pues el sol es la puerta, es el ojo de Dios en el plano físico que nos lleva a la Divinidad. El solo hecho de mirar al sol, nos acerca al centro del sistema solar, y nuestra conciencia se acerca a nuestro propio centro, por resonancia; y entonces encontramos la fuerza, la paz, la luz y la libertad. Sentiremos que entre el sol y nosotros empiezan a circular ondas que crean formas, colores, un mundo nuevo…

2-Captar los elementos sutiles contenidos en el sol. El sol es el origen y el padre de todas las cosas, de la materia. Concentrándonos en el sol podemos capturar los elementos necesarios en su pureza original para nuestro equilibrio y nuestra salud. Elevarse mediante el pensamiento hasta las regiones más sutiles, más delicadas del espacio y exponerse a todas esas corrientes. Así nuestra alma y nuestro espíritu captan lo que necesitan de esas sustancias etéricas. Proceden del prana, que es una fuerza viviente del sol, que se respira con el aire y se absorbe a través de todas las células. Solo debemos esperar con amor, alegría, sumisión y confianza; y después cuando volvamos, sentiremos que algo se ha reestablecido en nosotros que nos tranquiliza.

3-Mirar al sol para parecérsele. El hombre en el plano psíquico se identifica con lo que mira. Cuando miramos al sol, nuestra alma toma la forma del sol: se convierte en una esfera incandescente y luminosa. Es la misma ley mágica que entra en acción: mirando al sol, todo nuestro ser comienza a parecérsele, somos más luminosos, más cálidos, más vivificantes. Podemos dar algunas partículas de luz, de calor y de vida a la humanidad. A condición de mirarlo con mucho amor y mucha confianza.

4-Fortificar el lazo con la Divinidad en nosotros. Nos imaginamos mirándonos desde el sol. Viéndonos frágiles, pequeños, inexpertos. Pero con la intención de ayudarnos a sentir la totalidad de nuestro Ser. Creando un lazo, un puente de unión entre el yo inferior y el Yo Superior, preparando nuestro cerebro para ese momento. Cuando el puente esté construido se producirá la comunicación y viviremos en la dicha, la felicidad y la libertad. El sol ayuda a sentir la unidad universal, a sentirse uno con el Creador, con todas las entidades luminosas, los ángeles, arcángeles, las divinidades…y a acercarse rápidamente al Manantial.
5-Visitar el sol. Imaginaos que estáis en el sol y habláis con El, que os toma en sus brazos, os revela secretos, os da su luz, y que de vez en cuando enviáis algo de lo que habéis recibido al ser que está allá abajo mirando. Empezáis a sentir una gran expansión de conciencia, una paz celestial, y después se producen revelaciones. Así podéis desarrollar nuevas facultades, nuevos centros, comprender y penetrar las cosas convirtiéndoos poco a poco en seres excepcionales.

6-Exponerse al sol espiritual para hacer crecer los gérmenes escondidos en nuestra alma. Únicamente el calor del sol y su luz pueden despertar lo que Dios ha depositado en nosotros: las cualidades, las virtudes, los dones, los poderes mágicos, todos los esplendores. Cuando nos acerquemos al sol espiritual todas las semillas podrán crecer y dar sus frutos. Naturalmente hay que regarlas con nuestro amor, nuestra fe y nuestra confianza. Meditando, orando, dando gracias, pronunciando algunas palabras adecuadas. De esta manera regamos estos brotes con nuestro corazón y nuestro amor.

7-Encontrar la Trinidad en el sol. El Padre es la vida, el Hijo es el amor y el Espíritu Santo es la luz. Y a través de la vida, del amor y de la luz del sol podemos alcanzarla, comulgar con Ella y hacer que penetre en nosotros. Nuestra pequeña trinidad que es nuestro intelecto, nuestro corazón y nuestra voluntad está un poco apagada, pero se calentará y se iluminará junto al sol. Para que nuestra trinidad alcance la santidad, debemos tomar al sol como modelo y tender hacia él a fin de que nuestro intelecto se impregne de su luz, nuestro corazón de su calor y nuestra voluntad de su vida y de su poder.

8-Ejercicio para desarrollar el aura. El aura es como una coraza que nos protege de las corrientes negativas y de los espíritus tenebrosos. Al mirar al sol vemos como se rodea a sí mismo de un aura de hermosos colores, diréis: “Yo también quiero rodearme de los más bellos colores: violeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranja y rojo.” Y durante bastante tiempo os bañáis en esa luz, os imagináis que irradia y se extiende muy lejos hacia todas las criaturas y seres que contactan con nosotros hacia los cuales esparcen sus bendiciones.


Omraam Mikhaël Aïvanhov