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martes, marzo 13, 2012

Reiki y el Sistema Inmunologico





La psiconeuroinmunología (abreviado PNI).

“Dos grandes médicos de la antigua Grecia, Hipócrates y Galeno, creían que los pensamientos y las emociones movían a los distintos sistemas del cuerpo y les afectaban directamente mediante interacción de con­tacto. Y las investigaciones de vanguardia de hoy en día están demos­trando la veracidad de este hecho; de ahí la preponderancia de térmi­nos tales como psicobiología y psiconeuroinmunologia en la medicina moderna.
Imagine que, tras la aparición de determinado estímulo, usted se enfada, se disgusta enormemente. Su mente le está dando significado al estímulo que ha recibido, y eso le provoca un estado de cólera. Su cerebro está haciendo mapas de su mente, pero ¿acaso puede el cere­bro comunicar sus mapas al organismo, concretamente al sistema in­munológico? La respuesta es sí. El cerebro lleva a cabo esta faena a través de unas moléculas recientemente descubiertas y a las que se les ha dado en llamar neuropéptidos. Este descubrimiento (el que la men­te afecta al cerebro, que a su vez afecta al sistema inmunológico) ha hecho que este tema se convierta en objeto de un campo totalmente nuevo, la psiconeuroinmunología (abreviado PNI).
Antes de que ahondemos en la PNI, puede ser de ayuda hacer una pequeña introducción sobre el sistema inmunológico, con el fin de comprender por qué, antes de la PNI, se consideraba que el sistema inmunológico era independiente del cerebro.

Los órganos del sistema inmunológico se denominan también órganos linfoides, porque producen linfocitos, las importantísimas células blancas de la sangre que son las mediadoras de la respuesta inmunológica en el organismo. Los linfocitos se elaboran inicialmente en la médula de los huesos. Pero hay un grupo de linfocitos, denomi­nados células T, que se encuentran al comienzo de su desarrollo en la glándula timo (que está detrás del esternón, en el pecho) y se convier­ten en los sustentadores de la diferenciación «yo/no yo». Los linfoci­tos recorren todo el cuerpo, y en su desempeño tienen gran importan­cia los pequeños ejércitos de estas células que se hallan en estado de alerta en los nódulos linfáticos y en el bazo. El sistema inmunológico defiende al organismo frente a todo intruso (virus, bacterias y cual­quier cosa que sea «no-yo»), y se creía que esto era independiente, que no tenía nada que ver, con lo que hace el cerebro.

Pero la sorpresa llegó cuando un neurólogo de la Universidad de Rochester, en Nueva York, descubrió que todos los órganos del siste­ma inmunológico están cubiertos de nervios, abriendo la posibilidad al hecho de que el sistema inmunológico se comunique con el cere­bro. Más tarde, el neurofisiólogo Robert Ader (1981) descubrió que el sistema inmunológico podía condicionarse siguiendo el mismo proce­dimiento del condicionamiento mental.

Usted conoce el caso clásico de condicionamiento, la investiga­ción pionera de Pavlov. A unos perros se les daba la comida después de hacerse sonar una campana. Al cabo de un tiempo, el perro saliva­ba cada vez que oía la campana, aunque no hubiera comida. Pues bien, en el experimento de Ader se utilizaron ratas en lugar de pe­rros.

Así pues, vamos a estudiar el experimento clásico de Ader, un experimento que le llevó a acuñar la palabra «psiconeuroinmunolo­gía». Ader estaba trabajando en un experimento de condicionamiento pavloviano mediante el cual enseñaba a unas ratas a mostrar aversión. Al agua con sabor a sacarina. El método estándar consistía en vincular el momento en que las ratas bebían agua con la administración de una droga (la psicofosfamida) a través de una inyección, una droga que genera náuseas y vómitos. Después de generado el condicionamiento, las ratas padecerían náuseas únicamente cuando bebieran agua edul­corada, y ya no haría falta la droga. Pero hubo una complicación muy peculiar. Al parecer, las ratas también habían aprendido a morirse co­mo consecuencia de la ingestión de agua edulcorada.

Ader descubrió que la droga inducía la supresión del sistema in­munológico de las ratas. A consecuencia del condicionamiento, las ratas habían aprendido a estimular (al beber agua edulcorada) no sólo el efecto vomitivo de la droga, sino también el efecto de supresión in­munológica, y era la supresión del sistema inmunológico lo que hacía que las ratas se hicieran propensas a enfermar y morir.

Los experimentos no tardaron en llevarse a cabo con seres huma­nos. En uno de los primeros de tales estudios se vinculó el índice de infección de unos marineros mientras se hallaban a bordo del barco con sus acontecimientos vitales. Los marineros que eran más desdi­chados como consecuencia de sus acontecimientos vitales mostraron también la tasa de infección más elevada. La percepción de un signifi­cado negativo generaba estrés, que generaba a su vez la infección gra­cias a la supresión del sistema inmunológico, un caso evidente de psi­coneuroinmunología .

En la actualidad, se reconoce que el estrés (por ejemplo, el que genera el fallecimiento de la pareja) puede llevar a una reducción en el funcionamiento del sistema inmunológico a través de la reducción de su arsenal de células T asesinas, y también existen pocas dudas de que el pesar, el dolor psíquico, sea uno de los factores que contribuyen a la aparición de un cáncer de mama en las mujeres.

No se preocupe demasiado con esto, con el modo en que el estrés afecta negativamente al sistema inmunológico. No se olvide del efecto Madre Teresa del que hemos hablado antes, demostrado en un estudio en el cual el mero visionado de una película de la Madre Teresa cuidando indigentes mejoró el sistema inmunitario de los alumnos., como puso de evidenciaron el crecimiento de un marcador de fortalecimiento inmunológico ( el incremento de IgA salivar ).” 

El Médico Cuántico del Dr. Amit Goswani, editorial obelisco.