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viernes, enero 13, 2012

La Maestría en medio de la tempestad

 Jordi Morella


“Maestro es aquel que mantiene la calma y la serenidad en medio de la tempestad, irradiando su Luz y su Amor”

Hoy me gustaría comentaros una situación real vivida relacionado con la maestría. Hoy quiero hablaros de una persona que la vida lo llevó a situarse en medio de su ambiente familiar para poder irradiar su Luz y su Amor, permitiendo que las situaciones vividas pudieran desencadenarse hacia su resolución para el mayor bien de todos, a sabiendas que el proceso para llegar a ella, no fue el esperado por toda su familia.

Hoy quiero hablaros de un maestro en la discreción y no considerado como tal en su ambiente familiar.

Hoy quiero hablaros de la importancia de conectar con la divinidad que cada uno es para poder tener una visión serena y adecuada para los acontecimientos que pueden presentarse ante nosotros.

La vida no siempre es como nosotros queremos o esperamos. Las expectativas no pertenecen a nuestra divinidad, por lo tanto, debemos de estar abiertos para poder vivir y resolver todas las opciones que la vida nos presente. Debemos de tener un corazón abierto para poder discernir lo más adecuado para la resolución de lo manifestado. Ésta es una de las cualidades del Maestro: un corazón abierto y una visión más allá de lo terrenal para poder obrar desde el Amor, desde el corazón y no desde el raciocinio, la mente.

El Maestro que hoy os quiero presentar tuvo que tomar una decisión para el mayor bien de su alma y de aquellos con los cuales se encontraría.
Tuvo que acercarse a su familia, empezando por sus padres. Hasta entonces no era comprendido, aceptado, y a veces, hasta entonces, incluso menospreciado, recibiendo expresiones de burla sobre lo que sentía y cómo veía la vida.

Estando con sus padres, pudo acortarse las distancias que había entre ellos, debido que sus progenitores vieron, con el tiempo, que podían contar con él, y más adelante, poder confiar, delegar y abrirse también a él. Pudieron hacer las paces, manteniendo sus padres, sus creencias terrenales, entendiendo esta expresión, como la ponderancia de la mente frente el corazón y la no consciencia espiritual.

El tiempo se encargó que su maestría pudiera ser expresada. Este ser de Luz tuvo que irse del hogar familiar para poder encontrarse, conocerse y darse cuenta quien era él y poder sanar, así, su pasado y llegar a conocer y sentir a Dios en él.

Una vez estuvo preparado, entonces, se le designó una ardua tarea, prueba, como maestro que ya era. Debía de ayudar a su familia.

Los primeros días, semanas de estar con ellos, parecía que todo iba más o menos bien, hasta que su presencia hizo que las energías familiares se removieran y empezaron a crearse situaciones de gran movida para recolocar a cada uno en su lugar y hacer que la familia (padres, hermanos y nietos), pudieran solucionar ciertas actitudes y situaciones que hasta el presente se aceptaban, distanciándose los unos de los otros. Todo era imagen, forma, sin ningún contenido que lo sostuviera. Todo era hipocresía.

Cuando llega la Luz, todo se ilumina y se ve claro. Se divisan las pequeñas situaciones que hasta entonces se encontraban estancadas, reprimidas y aceptadas sin hacer nada para remediarlas. Bueno, la Luz de que os estoy hablando, su presencia hizo que todos se removieran como familia y los pilares de naipes que los sostenían, se tambalearan y acabasen cayendo a su manera.

El maestro era silencioso. No hablaba ni intervenía si no le preguntaban. Él continuaba sin ser aceptado por lo que era, pero su presencia iba derritiendo los pilares de mantequilla que se derriten con el calor. La luz continuaba manteniéndose discreta pero irradiando con una gran fuerza amorosa a su entorno. Esta es una de las capacidades de los grandes maestros: saber llegar sin intervenir.

Sabía que todo estaba siguiendo su camino y confiaba que lo que estaba sucediendo era para el mayor bien de todos. Todo parecía tambalearse y perdiendo consistencia, en relación a posturas mantenidas en un pasado, pero los nuevos tiempos nos impulsan a hacer cambios hacia nuestra integridad y sanación. El despertar de la consciencia es un hecho, aunque aquella familia continuaba manteniéndose en la ignorancia y encerrados en el miedo y la identificación con lo que su sociedad y las noticias de la televisión iban anunciando día sí, día también.

Como un faro en medio de la tempestad, nuestro ser iluminado se mantenía firme y sensible a las señales y energías que iba recibiendo de los nuevos tiempos en relación a su familia.

Estando él con ellos, consiguió que sus padres le empezaran a ver como alguien que se podía confiar. Ya no había distancias, sino acercamiento. Las orillas del abismo se acercaron y pudieron llegar a abrazarse y ver a su hijo como alguien amoroso y no distante.

Sus padres tomaron decisiones, justo cuando él se encontraba entre ellos. Nuestro ser les ayudó a dar estos pasos, bien de una manera práctica, bien a través de su Luz y vibración. Llegó un momento que hubo juicios entre medio por cuestiones de hijos, hermanos del maestro. Él continuaba calmado, sereno y con buen humor, viviendo el presente y sabiendo que nada es lo que parece, porque estos remolinos que se estaban produciendo en aguas bravas, los llevarían al mayor bien de todos. Veía los resultados en un futuro cercano, y por lo tanto, no se preocupaba debido que sabía que todo estaba yendo bien.

En otro orden de cosas, hizo que sus padres tomaran otras decisiones sobre el reunir a la familia porque sí, porque tocaba o era lo bien visto, en fechas como navidad, por ejemplo. Bueno, no siempre los encuentros eran amorosos y acababan de la mejor manera, por lo tanto, decidieron que ya no era necesario estar todos, sino aquellos que querían estar bien rodeados con el resto de la familia y no porque tocaba; por lo tanto, la próxima navidad fue vivida no con todos los miembros familiares.

Nuestro maestro llegó teniendo una familia dividida, habiendo diferentes grupos entre los siete hermanos que eran. Cuando unos estaban presentes, los otros no querían venir, y cuando los otros querían venir a ver a sus padres, no venían los demás. Unos no querían estar cuando los otros estaban presentes. Era una familia desestructurada, y nuestra Luz se encontraba en medio de todos ellos, sin intervenir, sólo aceptando e iluminado con intensidad.

Todavía se encuentra bien enraizado entre las rocas para indicar el camino a seguir por los barcos de los miembros de su familia.
Está viendo como sus padres empiezan a vivir más relajados, más distendidos y sentirse, a la vez, más apoyados por alguien que desde hace muchos años han estado distantes.
Se está llevando todo el proceso con serenidad, en la calma y la esperanza que está dando el maestro en su condición humana.

Todo sigue su proceso con el saber que se está haciendo lo mejor y lo adecuado según se va viendo. Hay quien no quiere sentir esta calma y vivir en la confianza. El libre albedrío hay que respetarlo aunque se decida querer sufrir en la ignorancia espiritual.

Las olas empujan fuerte la nave familiar, pero el Maestro coge el timón en el silencio y la discreción, y los que se encuentran a su lado, ven la esperanza de una nueva vida más en acorde a sus sueños.

El Maestro tiene una gran responsabilidad familiar, social y planetaria, y normalmente, en los tiempos que vivimos empezamos en aspectos relacionados con la familia, porque ya ha llegado la hora que la familia se reúna, sí, también la Familia Espiritual de la Luz.

Cada ser de Luz es llevado al mejor lugar para poder propagar su radiación y su Amor para unir aquello que le es más familiar. Con el tiempo, esta unión y presencia se irá alejando por ser requerido en otras lides.

Mantengamos la calma y la serenidad en nuestro ahora actual y sintamos el Amor y la conexión con el Hogar, como el maestro que os he presentado hoy. Él sigue con su servicio al Padre con aquellos que, incrédulos y enraizados en la terrenalidad niegan cualquier otro tipo de manera de vivir que no sea a través del dinero, el ego, la prepotencia, el orgullo y la vanidad.

La luz está para alejar el miedo del ser humano.
La luz tranquiliza, no inquieta.
La Luz une y apacigua los temores.
La Luz da fuerza y confianza para salir de las tempestades.
La Luz abre el corazón y no permite que la mente valore el pasado de lo que fue, ponderándolo.
La Luz da confort, seguridad y esperanza plena.

Nuestro Maestro se encuentra en medio de su familia con discordias, rabias, odios, orgullos, vanidad y situaciones judiciales entre medio. Hay quien le señala con el dedo, culpabilizándolo de algo sucedido. Está solo, pero no se siente solo. Sabe que los pasos dados, salidos del corazón, se encuentran dentro de lo adecuado del proceso a seguir, según la Voluntad Divina.

Al final vendrá la calma, y el ser iluminado lo sabe, por eso el movimiento actual, la desestabilización vivida, para poder llegar a la harmonía y colocar a cada uno en el lugar que le corresponde.

El Amor y la Paz lo acompañan.

Gracias por ser.

Sólo existe el Amor, y al final, el Amor prevalecerá, aunque el proceso sea tempestuoso y accidentado.

Nada es lo que parece. Todo es fruto del Amor.

Sólo existe el Amor,.. y el Maestro, esto lo sabe.