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sábado, enero 21, 2012

MEDITACIONES DIARIAS



Desarrollando una actitud de responsabilidad hacia los demás, podemos empezar a crear el mundo más ideal y más compasivo con el que todos soñamos.
"El Pequeño Libro de Sabiduría del Dalai Lama"

Cuanto más respeto experimentamos por una persona corriente, más cercanos nos sentimos de ella y más dispuestos estamos a seguir sus consejos.
Del mismo modo, cuanta más fe tengamos en nuestro maestro, más progresos haremos en nuestras prácticas.

No existen causas extrañas a nuestra propia felicidad. En realidad, ésta depende de un gran número de factores. Es decir: si queremos tener una vida más feliz en el futuro, hay que cuidar mucho todo aquello con lo que estamos en relación.

Si se halla por encima de nuestras capacidades hacer las cosas lo mejor que podamos, es una cosa, pero si está a nuestro alcance, debemos hacerlas así.

Todos los seres sensibles, en número infinito, como el espacio, son iguales en el sentido de que no desean el sufrimiento y aspiran a la felicidad.
Conservemos en el espíritu que la felicidad y el destino de infinitud de los seres son de una importancia primordial.

La única cosa que importa es poner en práctica aquello en lo que se cree con sinceridad y seriedad.

Para saber cómo amar a los demás, primero hay que saber lo que significa amarse a uno mismo. El altruismo no es simplemente olvidarse. Es, sobre todo, refrenar los sentimientos egoístas que nos empujan a explotar a los demás o a hacerles daño.
En general, es muy negativo carecer de estima por uno mismo, o detestarse. Tal disposición es muy lamentable, y no puede llevar a nada positivo.

Es indispensable dar pruebas de tolerancia y de paciencia amando a nuestros enemigos. Ese es el fundamento mismo de la vida espiritual, gracias a la cual vivimos para el amor de los demás, y para el bien de la humanidad.

Al despojarnos de nuestro karma impuro y sus emociones perturbadoras, podemos liberarnos.
Se llega a esa liberación gracias a la sabiduría .

Desde hace siglos, los tibetanos insisten en la necesidad de cultivar y mantener cualidades como la compasión y la sabiduría. Para ellos importan más que la adquisición de riquezas materiales, el renombre o el éxito.
Consideran la fuerza interior, la dulzura, el amor, la compasión, la sabiduría y la estabilidad de espíritu como los tesoros más preciosos que un ser humano, hombre o mujer, pueda amasar a lo largo de su vida.

Si obrar es un placer, entonces la meditación tiene todas las posibilidades de tener éxito.
La nobleza del deseo de ser beneficioso a los demás es extremadamente fructífera. Es la fuente principal de felicidad, valor y éxito.

Si existe un conflicto entre el interés a corto plazo y el interés a largo plazo, es el último el más importante. Los budistas suelen decir que no hay ningún absoluto, y que todo es relativo.
Y por eso, en todas las cosas, hay que juzgar en función de las circunstancias.

La idea según la cual todos los problemas humanos los pueden resolver las máquinas o lo material es falso. Desde luego, las facilidades materiales son extraordinariamente útiles. Pero al mismo tiempo es normal que todas nuestras dificultades no se puedan solucionar sólo por la técnica. Nosotros no somos un producto de las máquinas, nuestro cuerpos no son cosas puramente mecánicas.
Como consecuencia, debemos pensar seriamente y con prioridad en nuestras capacidades interiores, en nuestros valores más profundos e íntimos.