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sábado, diciembre 31, 2011

Meditaciones Diarias







Aunque las consecuencias de nuestros actos son importantes, hay otros factores que debemos considerar: la intención y la naturaleza misma del acto.
Todos tenemos en la memoria algunas cosas que hemos conseguido y que han hecho daño a otras personas, aunque ésa no era en absoluto nuestra intención.
De la misma manera, tampoco resulta difícil pensar en actos que, aunque pareciesen violentos y agresivos y hasta hayan producido algunas heridas, han contribuido a largo plazo a la felicidad de los demás.
"El Pequeño Libro de Sabiduría del Dalai Lama"


El hecho de que nuestras acciones puedan parecer gratas no significa que sean positivas o éticas, si nuestras intenciones son egoístas.
Por el contrario, si nuestra intención es, por ejemplo, engañar o simular, entonces la amabilidad es la acción más desgraciada que puede haber. Aunque aquí no se halle implicada la fuerza, un acto tal es verdaderamente violento. Provoca la violencia, porque, en último caso, el resultado es dañino para el otro, pero también porque hiere la confianza y la espera de la verdad del otro


El estado del corazón y del espíritu del individuo (su motivación) que en el momento de la acción es la clave determinante de su contenido ético, se puede comprender fácilmente si se considera que nuestras acciones se ven afectadas cuando somos presa de emociones muy fuertes y pensamientos negativos como el odio o la cólera.
En esos momentos, nuestro espíritu y nuestro corazón están en ebullición, y eso nos conduce a perder de vista el posible impacto de nuestras acciones sobre los demás.
En efecto, podemos acabar tan preocupados que ignoremos a la vez la presencia de los demás y su derecho a la felicidad.


Cuando la fuerza motriz de nuestras acciones es sana, éstas contribuyen , lógicamente al bienestar de los demás. Se vuelven entonces automáticamente "éticas".
Cuanto más resulta éste nuestro estado habitual, menos negativamente reaccionamos cuando se nos provoca. Y aunque perdamos la paciencia, la menor "explosión" se halla despojada de todo sentimiento de odio.
El objetivo de la práctica espiritual (y por tanto ética) es, en consecuencia, transformar y perfeccionar el kun long del individuo. Así es como nos volvemos mejores.

Es fácil constatar que cuanto más transformamos nuestro corazones y nuestros espíritus y desarrollamos nuestras cualidades espirituales, más capaces somos de hacer frente a la adversidad y mayor es también la probabilidad de ver que nuestras acciones se afirman como sanas moralmente


La relación estrecha entre la manera en que percibimos el mundo en el cual evolucionamos y nuestro comportamiento a ese respecto revela que nuestra comprensión de los fenómenos es muy significativa.
En efecto, considerando el tema, al final nos damos cuenta de que nos es imposible separar un fenómeno cualquiera de su contexto general.
No podemos hablar, en realidad, más que en términos de relaciones.

En el curso de nuestra vida, nos implicamos en innumerables actividades distintas, y recibimos muchísimas sensaciones de todo aquello con lo que nos encontramos.
El problema de una mala percepción, que desde luego puede variar según los casos, proviene habitualmente de nuestra tendencia a aislar los aspectos particulares de un acontecimiento o de una experiencia y verlos como si constituyesen su totalidad. Eso implica un estrechamiento de la perspectiva y genera falsas expectativas.
Pero cuando se considera la realidad en si misma, se comprende en seguida su infinita complejidad; se da uno cuenta de lo inadecuada que es muchas veces la percepción que uno tiene.